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| "Amigos" Pictograma de ARASAAC. |
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Erik tiene un amigo.
Dicho así podría hasta resultar trivial. Pero sabéis que no es el caso. Erik ha descubierto el valor de la amistad.
Erik tiene un amigo que se llama K. Y K. tiene un amigo que se llama Erik. Se han conocido en el cole, están juntos en la clase. No ha sido una amistad que haya surgido el primer día. Pero desde hace un par de meses son amigos.
AMIGOS, con mayúscula.
Antes de que K. empezara a venir a casa por las tardes, su mamá me habló un día mientras esperábamos a la salida de clase: “Jo, K. me habla siempre de Erik, le encanta Erik. Está impresionado con él. Dice que es alucinante cómo dibuja máquinas o cómo calcula. Le gustaría muchísimo quedar con Erik”.
Entretanto, Erik comenzó a hablarme también de K. “Hoy he dibujado con K. una fábrica muy complicada”. O “¿sabes?, a K. le encantan los Legos”. Pero lo mejor fue escucharle decir: “K. es mi amigo, mamá. Ahora sé qué es un amigo”.
Y en el cuaderno que recibo a diario por parte de la profe sombra de Erik, cada vez había más referencias a lo bien que Erik y K. se entendían, cómo trabajaban juntos en los cuadernos o cómo jugaban en el patio. Incluso, en momentos complicados, K. siempre estaba ahí para apoyar a Erik.
Pues bien, K. comenzó a venir a casa. Un miércoles, y el jueves, al día siguiente volvía, a estar ahí… “maána vuelvo, mamá, que no hemos terminado la construcción de lego Technik”. Cada semana desde entonces, una o dos veces.
Incluso ayer K. se quedó a dormir en casa. Los dos no querían separarse.
¿Qué puedo decir sin que me pueda el amor de madre y sin que asomen las lágrimas de felicidad a mis ojos? Son AMIGOS. Cuando están juntos, sólo me reclaman para que les prepare unas creps o una mousse de manzana –les gusta mucho a los dos. Bueno, también les divierte jugar conmigo al escondite, que les lea cuentos o enseñarme y contarme qué han hecho juntos.
Uf, anoche, mientras K. y Erik dormían juntos, hablaba con mi marido . Emocionados los dos. ¿Cómo no estarlo? Quienes convivís a diario con el autismo sabéis lo impresionante que resulta todo esto.
Escuchar las vocecitas de dos niños de siete años que proponen, juegan, se divierten, se abrazan… Ver a dos niños, uno con autismo y otro sin él, que se entienden a las mil maravillas, se aprecian, se respetan, se ENTIENDEN.
Hay mucho trabajo detrás. Horas y horas de conducta de juego, de practicar las emociones, de trabajar la teoría de la mente… Horas y horas de amor, porque sobre todo creo en mi hijo y en todo lo que es capaz de lograr.
Sí, desde que está en el cole, son muchos los peques que le han invitado a casa o que han venido a la nuestra. En los cumpleaños cuentan con Erik… Hay otra niña que está “enamoradita de Erik” y viene o lo invita con frecuencia. Otros tres peques son frecuentes, le llaman, le invitan, vienen…. No sé qué decir, más que cómo van cambiando las cosas.
INCLUSIÓN, con mayúsculas. Equipazo de cole, equipazo de niños y sus familias.
Pero hay algo que ha pasado, y que me echa a llorar. K. dejará el cole este verano, se muda. Erik me lo contó hace unos días llorando, sí, llorando: “Mamá, K. se va del cole. Es injusto, porque es mi amigo. Yo no quiero que se vaya y K. tampoco quiere irse, porque es mi amigo”.
¿Cómo mantener la calma para consolar a mi hijo? Le prometí –y Erik sabe qué es una promesa- que esté donde esté K. yo le llevaré a verle. Y la mamá de K. le ha dicho a K. lo mismo. Anoche los dos, antes de irse a dormir, nos lo recordaron.
Además, Erik dice que quiere inventar tres fórmulas:
- una fórmula que diseñe una máquina que empuje los días rápido hacia el día que K. venga a casa.
- una fórmula que diseñe una máquina que vuelva el tiempo atrás hacia el día que K. se ha quedado a dormir en casa.
- una fórmula que diseñe una máquina que permite que K. y él puedan estar juntos siempre que lo deseen vivan donde vivan los dos.
K. está de acuerdo, y a partir de este momento los dos están pensando cómo hacerlo.
¿ADELANTE siempre? Sin ninguna duda.
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