Las pieles de un abrigo

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"Bosque con ciervo, conejo, ardilla y herrerillo", dibujo de Erik con 5 años.

Internet me ha brindado la oportunidad de conocer a personas maravillosas. Y en esta ocasión me gustaría presentar la labor que tres mujeres realizan en defensa de los animales.

Me refiero a:
Paloma, quien desde su blog La galga lluenta lidera campañas de protección y acogida de animales.
Fátima Collado, mamá del campeón Mikel, creativa infatigable  e incansable por defender a los animales.
Melisa Tuya, periodista, mamá de otro súper-campeón, y promotora del blog En busca de una segunda oportunidad en el diario digital 20 minutos.

A ellas les dedico con todo mi cariño el cuento "Las pieles de un abrigo". Ay, sé que hay cositas por corregir, pero espero que os guste. Besotes desde aquí.

LAS PIELES DE UN ABRIGO

Encontré la carta de Petra Kowalski al llegar a casa horas después de atropellarla. Acababa de mudarme a ese piso y nadie, mucho menos ella, tenía mi dirección. Pero ahí estaba el sobre negro sin sellos que sobresalía del buzón por su gran tamaño. Tiré de él con las manos sudadas. Mi dirección estaba escrita con rotulador plateado. Las emes de “Mathilde” y de “Müller” habían quedado bastante rimbombantes. Al darle la vuelta descubrí con horror el remite: me habían estado espiando. Temblaba mucho más que cuando había acelerado el coche en el momento en el que Petra Kowalski cruzaba una calle. Ahí había quedado su cuerpo tendido con las piernas dobladas en una posición un tanto cómica. El pelo revuelto le tapaba un ojo. Por el otro, manaba la sangre que oscurecía el asfalto. Pero no detuve el coche robado para mirar más detalles. Tenía que estar muerta, ¿o no?

Había conocido a Petra Kowalski por medio de Internet. Ella participaba con asiduidad en el foro de Alerta Felina, una página web que creé para difundir las amenazas que pesan sobre los gatos domésticos. Las dos habíamos perdido a nuestras mascotas.

Mi “Apolo” había desaparecido un martes de julio. El primer día no me inquieté demasiado. Pensé que se habría entretenido, que ya volvería por la noche o a la mañana siguiente. Como no fue así, imprimí carteles dispuesta a empapelar los semáforos, señales y troncos de árboles de mi barrio, una zona tranquila del norte de la ciudad poblada de casitas con jardín. Entonces comprobé que mi “Apolo” no era el único.

Me puse en contacto con los propietarios y nació Alerta Felina con participantes de toda la ciudad. Poco a poco salieron a la luz detalles que fuimos contrastando. Yo recordé que, el mismo día de la desaparición de mi “Apolo”, una empresa de recogida de ropa usada había dejado una hoja informativa en el buzón. Hasta me había hecho gracia encontrarme en la puerta con una cesta muy parecida a la que le regalé a mi “Apolo” por su segundo cumpleaños. Otros lo confirmaron. Alguien añadió haber encontrado tirado en la calle un spray con gas paralizante. Atamos cabos: los de la recogida de ropa debían de ser los raptores de nuestras mascotas. El foro de Alerta Felina ardía por momentos, todos estábamos horrorizados. La que más, aparte de mí, Petra Kowalski.

Petra Kowalski fue desde el principio singular. Destilaba seducción a la hora de chatear o de enviarme sus mails. Empezó hablándome de su gatita “Tasia”, de su pelaje oscuro, de cómo conseguía abrir las puertas saltando sobre el picaporte... En fin, me habló de lo vacía que sentía su existencia sin ella, al igual que me pasaba a mí sin mi “Apolo”. Poco a poco el tono fue cambiando. Había más intimidad, algunas confidencias respecto a su gusto por las mujeres. Y yo me fui enamorando de ella correo va, correo viene.

No me atrevía a pedirle una cita y conocernos en persona. Así que investigué un poco hasta descubrir su dirección. Dediqué muchas horas a seguirla en los meses de septiembre y octubre. Me encantaba observar su andar elástico o la forma que tenía de ladear la cabeza cuando el viento la despeinaba. Sus ojos rasgados y el pelo cobrizo me recordaban a “Apolo”. ¡Cuántas veces soñé con ella acurrucada a los pies de mi cama! La imaginaba suave y sumisa ante mi caricias. Tenía que censurar mis pensamientos, pues subían de tono con tal intensidad que me humedecían hasta tener que aplacarme. ¿No sería maravilloso que pudiéramos vivir juntas? Pensaba en ella a todas horas, pero el hecho de saber que nunca iba a ser capaz de declararle mi amor me atormentaba. Tenía que conformarme con sus correos y con seguirla en silencio, guardando las distancias. Me sentía una sonámbula entre las sombras del deseo, creía escuchar su voz, la llamaba en sueños.

La llegada de los primeros fríos encendió una lucecita de alerta en mi mente alborotada. Descubrí con horror que Petra gustaba de envolver su figura en diferentes abrigos. Un día de mutón, otro de chinchilla, al siguiente de zorro. Dios mío, se vestía con pieles. ¿Cómo podía ser capaz de semejante salvajada? Mi Petra ideal se estaba desmoronando, me costaba identificarla con la mujer amante de los animales cada vez que me escribía. La alarma se disparó cuando la vi enfundada en un chaquetón de pelo angoreño. Había sido confeccionado con los lomos de diferentes animales. Casi podría asegurar que se trataba de gatos. Y no sólo eso. El pelaje naranja atigrado que protagonizaba la espalda del abrigo de Petra Kowalski me resultaba demasiado familiar. Apreté los puños con furia, empecé a pensar que se había estado burlando de mí. Claro, por eso se mostraba tan amigable, quería ganarse mi confianza. Menuda hipócrita. La muy ladina estaba implicada. Es más, ¿sería Petra Kowalski el cerebro del grupo de cazadores de gatos?

Mi obsesión por ella fue si cabe en aumento. Me sentía tan confundida... Si chateábamos, me reafirmaba en su imagen tierna y, en cierta medida, desvalida. De sus palabras se desprendía la soledad sin su mascota, su interés creciente hacia mí. Al momento me identificaba con ella. Pero en cuanto apagaba el ordenador volvía la rabia. Ahí estaba bien presente mi visión de Petra con su abrigo. ¿Estaba jugando conmigo al gato y al ratón?

Días después la vi encontrarse en un café con un tipo pálido. Tenía un aire eslavo, y a mí su aspecto me resultó siniestro. Sin embargo, Petra parecía sentirse a gusto con él. Reían con complicidad. ¿Qué se traerían entre manos?, ¿sería él acaso un miembro de su organización? Cuando los vi besarse, mi imaginación se desbocó. ¿No me había confesado Petra que no había nadie en su vida?, ¿no me había hecho entender que sus gustos se inclinaban hacia las mujeres? Una falsa, eso es lo que era. Seguramente que se dedicaban juntos a vender las pieles de los gatos en el mercado negro de los países del Este. Cuántas sospechas, qué celos. Observaba a los dos bien compinchados, con las manos cogidas, un sorbo a la taza de té, otra caricia, miradas encendidas... y no podía soportar sentirme así de engañada. Estuve a punto de dirigirme hacia ellos para decirles cuatro verdades a la cara, gritarle a Petra que la amaba. Pero me contuve. Un poco más de paciencia, me dije. Entonces el eslavo se levantó y salió a la calle. Lo vi dirigirse hacia su vehículo. Era una furgoneta. En el lateral podía leerse: “Lo que no uses, S.L. Recogida a domicilio de ropa usada”.
¿Qué más pruebas necesitaba?

Todo se precipitó al día siguiente. Me disponía a salir cuando me pareció notar algo detrás de la puerta. Me agaché al abrir, y el gas paralizante impactó en el marco de madera. El atacante huyó, no pude verlo bien, pero no eran ni Petra ni el eslavo. Cualquier otro miembro más, desde luego. Habían tratado de eliminarme y me envalentoné. Ya no tenía dudas de que había averiguado la verdad, esta vez tenía que adelantarme yo. Por eso planeé cambiarme de vivienda y deshacerme de Petra Kowalski.

Qué rápido había pasado todo, pensé con el sobre negro entre las manos. Seguramente que habría amenazas en su interior, ¿por qué si no utilizar el color del mal agüero? Conocían mi dirección, pero no podía derrumbarme. Y subí las escaleras para acomodarme en el sofá de mi nuevo piso alquilado.
Abrí el sobre con determinación. Había una carta y la planilla fotocopiada de un reportaje de la revista Focus. Se titulaba “Cazadores de gatos atrapados”. Bien documentado y detallado, se exponía la desarticulación de la red. Mi nombre aparecía en varias ocasiones. Se elogiaba mi labor y la de Alerta Felina. En el artículo aparecían también las fotos de los detenidos. Me pareció reconocer en uno de los hombres a mi atacante.

Con la respiración entrecortada, leí la carta de Petra Kowalski:

Querida Mathilde,
Sé que te alegrará tanto conocer que los “cazagatos” han sido descubiertos, que me perdonarás que haya actuado en tu nombre. Ya ves, tengo un buen amigo periodista que ha estado unos cuantos meses investigando. ¡Incluso montó una empresa ficticia de recogida de ropas usadas para introducirse en el sector! La revista sale pasado mañana, pero te he conseguido una fotocopia del reportaje que se incluirá. ¡Qué bien!, ¿no?
Tenemos que conocernos. Yo lo intenté una vez; me presenté en tu casa, pero me encontré con el camión de mudanzas. Ellos me dieron tu nueva dirección. Luego quise esperar a que se resolviera todo. Te dejo mi teléfono. Llámame y quedamos.
Bueno, espero que no te haya impresionado el sobre negro. Es por el luto que le guardo a mi gatita “Tasia”. Aunque, gracias a tu ayuda, lo estoy superando.
Besos y hasta pronto, Petra.

De pronto tuve una idea. ¿Y si hubiera estado siguiendo a otra Petra Kowalsky? Con ese pensamiento me tranquilicé. Así que conecté el ordenador con la intención de contestar a su carta por email y concretar una cita.

Nueva valoración - y trabajamos las intenciones

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El viernes estuvimos en Bremen, donde le realizaron a Erik una nueva valoración. Fuimos en tren. En un momento del trayecto, Erik nos dice: “dos personas acaban de perder el tren. Iban corriendo y no lo han alcanzado. Los pobres deben pensar que ahora tienen que esperar 30 minutos”. Lo había visto todo desde la ventanilla, había interpretado la intención de esas dos personas e incluso imaginó lo que podían estar pensando. Y nos lo contó todo a nosotros, claro.

Madre mía, cuántos avances en Teoría de la Mente. Sus palabras y el diálogo que sobre “los que habían perdido el tren” mantuvimos después confirman que vamos por el mejor de los caminos con todos los ejercicios que estamos realizando.

Pero el viernes nos trajo además muchas más alegrías. Los tests concluyeron que Erik es un niño más en motrocidad gruesa, fina, lenguaje,comunicación o imitación; y en cognición está por encima de la media. ¡Los progresos han sido espectaculares en todos los terrenos! Ahora queda pendiente para una nueva cita valorar la socialización –donde sé que nos queda aún por recorrer- y un test de inteligencia. Poquito a poco, pero qué satisfacción tan grande es ir recogiendo la cosecha del esfuerzo de Erik y su trabajo diario. Oé, oé, oé.

Y terminamos el día en casa de mi amiga Ana. Oé, oé, oé por Niklas también. Otro gran campeón, que acaba de empezar el cole y se ha adaptado fenomenal. ¡Y cómo dibuja!

Ay, que estoy contentísima.
Subo el material que estamos trabajando del capítulo 6 del libro de Teoría de la Mente: “Adivinar las intenciones”. Van unas fichitas que preparé, y los enlaces a todas las súperfichas que ha elaborado Amaya Padilla. ¡Que os divirtáis!


Adivinar las intenciones 1

Adivinar las intenciones 2

Adivinar las intenciones 3

Adivinar las intenciones 4

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Resolver situaciones 1

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¿Qué hacer ante una determinada situación? En muchas ocasiones hemos comprobado que nuestros pequeños tienen dificultades para resolver conflictos o para actuar ante determinadas situaciones.

Por eso he preparado un material en el que se presenta una situación y el niño debe elegir entre tres opciones para resolverla. Lo hemos trabajado tanto en el grupo de juego como de forma individual con Erik, y ha funcionado genial. A Erik, por ejemplo, no le gusta nada perder en un juego -algo muy normal en esta edad-, y su reacción solía ser enfadarse o decir que había ganado él. Pues bien, ahora felicita al ganador y dice que la próxima vez ganará él. ¡Qué lindo es!

Quiero seguir avanzando en este tema y preparar nuevos materiales, pues me parecen fundamentales para mejorar habilidades sociales, autosuficiencia e iniciativa. Agradeceré muchísima toda ayuda para ello. Y aquí van las fichitas. ¡Que os divirtáis!

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¿Interesante o aburrido?

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"La fábrica del agua" ("Wasserfabrik"), dibujo de Erik con cinco añitos.

Los que seguís el blog conocéis de la afición de Erik por las tuberías e instalaciones, los generadores, los sistemas eléctricos, los extintores... Recuerdo que hace poco tuve que preguntar en Facebook si una dinamo es un generador eléctrico, porque Erik me lo aseguraba, y yo no tenía ni idea, jaja. Ahora está añadiendo un nuevo amiguete a la lista: el compresor, y estamos investigando el frigorífico por dentro.

Aparte de los dibujos maravillosos que Erik crea con estos temas, seguimos aprovechando sus intereses para seguir avanzando. En esta ocasión, he preparado un material para trabajar los conceptos "Interesante o aburrido: no a todas las personas nos gusta lo mismo".

Espero que os venga bien y saquéis buenas ideas.

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Un hongo por sombrero

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Fotografía de un cuadro de mi gran amiga y artistaza Adriana Toledo (ay, cuándo podré volverme a acercar a Argentina para darte un besazo).

Hacía tiempo que no subía un relato al blog, y no se pueden perder las buenas costumbres, jeje. Estoy deseando terminar los materiales pendientes para Erik y retomar la literatura. ¡Septiembre ya está muy cerquita!

Un hongo por sombrero se lo dedico con todo mi cariño a Esther Cuadrado, una gran mamá y luchadora como nadie. Me quito el sombrero ante la gran labor que Esther realiza por defender la visibilidad del autismo y los derechos de nuestros hijos. Sabes que estamos contigo, corazón. Y espero que te guste el regalito, tuyo es. Muak.

UN HONGO POR SOMBRERO

Teodoro Campos, el autor de moda, pretendía sobornarme cuando acudió a mi cita y yo pensé que me apretaban los zapatos. Me los había comprado esa misma mañana para impresionarle, unos manolos, sí, esos que cuestan un pico y que salen en el Vogue o en el Marie Claire, pero que hacen rozaduras como todos. Así que al principio no andaba yo de buen humor precisamente, pensaba ser muy dura y aceptar el dinero a cambio de los papeles que le comprometían en una estafa a la Seguridad Social, pero acabaría por pedirle:

–Anda, acompáñame a comprarme unos zapatos.

Fui yo quien se había puesto en contacto por teléfono con Teodoro Campos gracias a mi cargo en el Ministerio; eso sí, con un nombre falso y engolando la voz. A lo largo de la conversación lo había ido enredando, dejando caer como quien no quiere la cosa que el asunto podría solucionarse sin publicidad. Él entendió lo que le proponía, y concertamos un encuentro en un Café. Le dije que llevaría un vestido verde y una pashmina de color crema.

Cuando Teodoro Campos entró en la cafetería, noté la primera punzada del zapato. En realidad no sé qué me cabreó más: la rozadura creciente o el que no me reconociera nada más verme. ¿Había cambiado tanto? A él le sentaban bien las gafas y las entradas en la frente. Me pareció más alto, pero, claro, yo estaba sentada y un poco asustada por mi audacia.

Se acomodó frente a mí con ademanes suaves. La sonrisa le colgaba más por el lado izquierdo; así noté que la forzaba. Se inclinó hacia la mesa para hablarme:

–Bueno, pues usted me dirá, señorita.
–Yo he traído los papeles –contesté mientras sacaba del bolso un sobre de papel de estraza y lo colocaba encima de la mesa–. Espero que usted no haya olvidado lo suyo.

Él siguió mis movimientos con la vista mientras empezaba a ofrecerme una cantidad. Tuve que quitarme los zapatos mientras negociaba con él. Cada vez me notaba más enfadada. Y fue en el momento en el que un camarero se acercó para tomar nota de lo que queríamos tomar, cuando Teo me miró a los ojos y me soltó:

–Venga, Paula, ¿a qué juegas? Me llevé una gran sorpresa cuando me llamaste, ¿te crees que no reconocí tu voz? En fin, ha pasado tanto tiempo...
Doce años, pensé, frotándome con un pie la herida en el talón del otro.

Había conocido a Teo en un concierto; lo había traído uno de mis amigos. Tocaban los Play cool, yo escuchaba la música con los ojos como frutas y Teo me pareció de lo más atractivo debajo de un sombrero hongo que le suavizaba los rasgos un tanto disparados. Sólo con verlo solté una carcajada. Pero él no se molestó; todo lo contrario, me lanzó una mirada ardiente y me dijo:

–Me encanta tu risa, Paula.
–¿De veras? –contesté sin ambigüedades.
–Sí, es como un trino turbio.
–Guau, tío, nunca me habían dicho eso. No está nada mal –le dije con ganas de tirarme a su cuello. Teo me pareció único, se me había subido la pastilla y me perdía la habilidad lingüística.
–Es que soy escritor –añadió Teo.

Zaca, Teo acababa de tocarme en la llaga de mis sensibilidades. A la mayoría de mis amigas les ponían los modelos, pero a mí, de verdad, que los autores. No me perdía ni una firma de libros ni ninguna de las ferias. Tengo grabada en la memoria el momento en el que Antonio Gala me comentó que tengo una “belleza botticelliana”, de verdad, que me lo dijo mientras me estampaba un autógrago en la Pasión turca. Casi se lo pregunto a Teo, que si él pensaba lo mismo, pero me contuve, al tiempo que enredaba mi dedo índice con un tirabuzón de mi pelo y le preguntaba jadeando:

–¿Y tienes alguna novela en el mercado?
–Casi, me he presentado al premio Planeta. Y pienso ganarlo.

Me quedé con la boca abierta. ¿Por qué no iba a creerlo? Yo también tenía mis expectativas:
–¿Sabes, Teo? Yo sólo me casaré con un escritor de éxito.

Nos miramos los dos sin parar de reírnos. Cayó una lluvia oportuna, el sombrero hongo de Teo se posó en mi cabeza y nos besamos entre la locura de percusiones y guitarras acústicas. Pero no escúchabamos nada; el concierto ya era para nosotros como una jaula sin voces.

–Díme otra vez lo del trino turbio.
Y vaya que me lo dijo. Terminamos en su casa, desbocados en una cama que crujió hasta que nos dolieron los huesos.

Y después...
Fui una estúpida por no llamarle al ver que él no lo hacía. El orgullo, ya se sabe. Bueno, y mi novio de toda la vida. El caso es que Teo acabaría ganando el premio Planeta y yo me casé con un administrativo. Pero nunca había conseguido olvidar a Teo: compraba sus libros, archivaba las noticias que sobre él se publicaban, y me calzaba el sombrero hongo en los momentos melancólicos, sobre todo si llovía.

Yo ya estaba divorciada cuando por fin me armó de valor y llamé a Teo doce años después del concierto de los Play cool. Más que chantajearlo me apetecía volverlo a ver. En algunos medios de comunicación se había rumoreado que el famoso escritor podía estar envuelto en una estafa por haber tardado un tiempo en dar de alta a su secretario personal. Yo estaba segura, pues el expediente había pasado por mis manos. Una minudencia, el pago de una multa y poco más, pero Teodoro Campos no querría verse envuelto en un escándalo, pensé con mi espíritu novelesco. Además, ¿qué me costaba intentarlo?, ¿por qué no poner un poco de emoción en mi vida?

Y fue en ese segundo encuentro, cuando descalza en una cafetería, me enteré que Teo había perdido el papel con mi número de teléfono anotado, y que claro que había preguntado por mí, pero que alguien le había dicho que yo me había ido a vivir con nosequién, y que eso le dolió, porque yo no le había confesado que salía con otro cuando los dos nos enrollamos. En fin, un lío.

–¡Qué pena! –le dije antes de proponerle que me acompañara a una zapatería y de entregarle el sobre con los papeles.

Al rato salimos del Café. Me escocían las rozaduras, pero también el corazón. Había notado cómo le brillaban los ojos a Teo o sus incipientes temblores de voz. De repente, me entraron unas ganas enormes de gritar. Por esos doce años que habían transcurrido tan deprisa, por los ridículos zapatos que me había comprado para impresionarle, pero, sobre todo, porque me sentía avergonzada por haber utilizado una trampa para volverme a acercar hasta él. Paré un taxi, me monté a toda prisa sin despedirme y me di un hartón de llorar durante todo el trayecto hasta mi casa.

Al día siguiente llamé al trabajo para decir que estaba enferma. Y era verdad. Estuve con gastroenteritis casi una semana. La mayonesa de la ensaladilla rusa que me había tomado en la cafetería debía de haber estado mal, o los nervios o mi huida alocada otra vez. Entonces leí la entrevista que Teodoro Campos concedió a El País semanal. Hablaba de su problemilla con la Seguridad Social y también de la presentación de su nuevo libro, desvelando al fin el título: Un hongo por sombrero. ¡Mierda!, esa misma tarde había tirado el sombrero hongo a la bolsa de basura, el portero ya la habría bajado al contenedor... Me levanté sudando de la cama y me eché una bata por encima antes de lanzarme a la calle para rebuscar en el contenedor. Lo encontré. Olía a pescado, tenía una mancha verdosa en el alero y se había abollado un poco. Nada que no pudiera solucionar una buena tintorería.

Días más tarde, me acerqué hasta la Fnac, donde Teo firmaba ejemplares de su último libro. Fui la última en acercarme hasta él. Le coloqué el sombrero en el momento en el que escribía mi dedicatoria: “¿Quieres ser la horma de mi zapato?

Llovía cuando salimos a la calle. Lanzamos el sombrero al aire y nos marchamos sin mirar dónde había caído.

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La creación de historias 1

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En varias entradas anteriores fui contando cómo trabajamos con Erik la comprensión de historias y de cuentos. Además del programa con los diferentes ejercicios iniciales, gracias a esta actividad han nacido personajes como KLAUS, HU, TANTÁN, MATU, ROBI, RUFUS o RECICLÍN, y varios más que tengo pendientes por traducir.

Y ahora vamos a dar un paso más con ejercicios para estimular la creación de historias, poquito a poco, como siempre. En el caso de Erk, hemos combinado lenguaje oral, dibujo y escritura de frases muy sencillas. Y lo hemos trabajado también tanto a solas con él como en los grupos de juego.
Espero que podáis sacar buenas ideas de estos materiales.

1 Creación de frases o historia sencilla a partir de imágenes

Necesitas tener preparadas de antemano varias tarjetas con imágenes o pictogramas. Repartes 3 tarjetas al niño y otras tres para ti. Las colocas bocarriba delante de cada uno.

- Mira, yo tengo un niño, una casa y una flor. ¿Qué tienes tú?
- Yo tengo una flauta, un topo y un árbol.
- Muy bien. Ahora voy a contarte la historia del niño, la casa y la flor. Un niño coge una flor del parque y se la lleva a casa a su mamá. Ahora tú:
- Un topo trepa al árbol y toca la flauta.
- Muy bien, el topo trepa al árbol y toca la flauta. ¡Es una historia genial!

No importa que al principio que las frases o historias no tengan demasiada coherencia. Lo importante es que el niño sea capaz de armar una historia con las tres tarjetas.
Si en un principio resulta un poco complicado para el niño, te puedes apoyar con dibujos, es decir, dibujas la historia que quieras contar y luego la cuentas, y que él más adelante haga lo mismo.
Con Erik tuvimos la suerte de que resultó a la primera, y aún hoy es una de las actividades que hacemos en el grupo de juego, porque a los peques les encanta.

2 Creación de frases o historia sencilla a partir de un dibujo

Subo el material que usamos nosotros. Gracias a Lehrmittelboutique. Está en alemán, pero lo traduzco debajo.
Geschichte Malen Und Schreiben

Presentas al niño la hoja con el dibujo que representa a un personaje en una situación concreta y pides al niño que dibuje la historia (opcional puede escribirla después):
- ¿dónde están los amigos del elefante?
- ¿quién ha construido el muñeco de nieve?
- ¿de qué se alegra el niño?
- ¿a dónde va el cohete?
- ¿qué va a hacer el dragón?
- ¿a dónde quiere ir la bruja?
- ¿Qué va a hacer aparecer el mago?
- Es medianoche…
- ¿a qué espera el pirata?
- ¿cómo ha llegado el tesoro hasta aquí?

3 Creación de una historia sencilla a partir de un diálogo


Y éstas son las fichas que estamos trabajando desde el lunes con muy buenos resultados. El niño tiene que idear un diálogo y continuar la historia después. (Las fichas las puedes escribir tú, o el niño si ya sabe hacerlo).

(ACTUALIZO: página para crear tus propios cuentos AQUÍ )
¡Que os divirtáis!
(continuará)

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Trabajamos las situaciones de peligro

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Estos días sigo muy aplicada preparando nuevos materiales para Erik. Aunque en agosto continuamos trabajando algunos temas y los grupos de juego, va a ser en septiembre cuando retomemos nuestra rutina de terapia diaria.

Tengo también una gran novedad que contaros: Erik se está soltando más y más en español.

Esta semana ha sido maravillosa. El sábado vino a casa mi amiga Valeria de Granada. El domingo fuimos a Berlín, donde nos encontramos con José Manuel Martos (promotor de ARASAAC) y su familia. Y el miércoles nos visitaron Gema, su marido y el pequeño Teo. Jo, ¡qué ilusión tan grande todos estos encuentros! Ojalá pudiéramos repetirlos con más frecuencia y no estar tan lejos. Jaja, y además han sido la motivación para que Erik chapurreara más y más español. Lo mejor es que hasta les hacia señas y representaba situaciones porque, según él, "no entienden alemán", y su español no llega para contarlo todo. ¡Cómo se me caía la babota, jeje!

Bueno, subo el material que he preparado para trabajar los peligros y cómo resolverlos.

Muchos besitos para todos.

DESCARGA DIRECTA pinchando AQUÍ.

Recopilación situaciones de peligro de Mabel Freixes. Descarga AQUÍ.

Y un enlace al blog de Lupe, con nuevas fichas para trabajar los peligros:
Fichas de Aula Autista.

 Y nuevos materiales gracias a Patricia Mardones:
Los Peligros

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Trabajamos la interpretación de gestos

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Un tema que me parece también muy importante para trabajar con nuestros hijos es la interpretación de gestos y del lenguaje corporal. Ya habíamos comenzado este tema con las expresiones de emociones, pero ver los vídeos de Agrega me dio la idea de avanzar con otros gestos y relacionarlos con las situaciones en los que se realizan.

A Erik le está gustando mucho este programa, que además está completando con dibujos propios de las situaciones. Y encantada lo comparto con todos vosotros.

¡Que os divirtáis!


Interpretación de gestos from Anabel Cornago

Material gestos de Amaya Ariz para imitar AQUI.

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Rosa Montero nos cita en El país semanal

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Rosa Montero –una de mis escritoras más admiradas. El periódico El País, en el suplemento semanal. Un domingo de agosto. Un artículo bajo el título “Campeones que luchan para comunicarse”. Y mi hijo Erik.

LEER AQUÍ

Madre mía, ¿os podéis imaginar mi emoción y alegría al leerlo? Y la sorpresa mayúscula.


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Blogroll

A Erik le gusta observar. Su mirada abarca el poder de los pequeños detalles. Conversa, juega, interactúa, sonríe, sueña, desea… Es un niño maravilloso que tiene autismo. En nuestra vida con otro ritmo, no sólo hay lucha o terapias, sino la intensidad del movimiento siempre hacia ADELANTE.
Bienvenidos a este espacio para reflexionar y conocer cómo vivimos el autismo con naturalidad.

    Nuestro perfil

    Soy la mamá de Erik, un niño precioso con el que soy feliz cada día. Recojo unas palabras de Goytisolo:

    "... nunca digas no puedo más y aquí me quedo...".

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    Con portadas de Miguel Gallardo -autor de "María y yo"-. Cuentos, testimonios, reflexiones, ensayos, artículos, fotografías y dibujos que van armando como un puzzle la realidad del autismo. Y literatura de la buena todos los meses en:

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