Llegó el
momento de decirle a Erik que tiene autismo. Y así lo hemos hecho.
A sus
casi ocho años, su cabecita no paraba de darle vueltas en las últimas semanas. Me
lanzaba preguntas del tipo “mamá, ¿por
qué a veces hago esto cuando quisiera hacer lo otro?, ¿por qué no puedo
controlar a veces cosas que hago y no quiero hacer?, mamá, ¿qué es eso que a
veces se me mete en la cabeza y me hace hacer cosas que no quiero hacer?, ¿cómo
puedo lograr que se me ordenen los sentimientos en la cabeza?”. Estaba confundido, como subido a una montaña rusa de
emociones, y necesitaba respuestas.
No sólo
Erik se preguntaba, sino también los otros compañeritos de su clase.
Erik
está escolarizado en un colegio ordinario. Los niños empiezan el cole en Alemania
con seis o siete añitos, según el mes de nacimiento. Desde ya escribo la
palabra INCLUSIÓN con mayúsculas. En la clase son 19 niños, cuatro de ellos –incluido
Erik- con necesidades especiales. El equipo docente de su clase está formado
por profesora, educadora y pedagoga terapéutica. Además, tenemos acompañante
terapéutica para Erik y otro niño las 25 horas semanales de clase. Erik
participa abolutamente en todas las asignaturas como un niño más, y no hay que
adaptarle los materiales. Tan sólo le preparo historias sociales y apoyos
visuales para orientarle en conductas y habilidades sociales.
El
horario es de 08:00 a 13:00 h. Tomé la decisión de que no comiera en el cole,
ni que tampoco se quedara por la tarde en los grupos de actividades fuera del
horario lectivo, pues iba a ser demasiado para él. Comemos en casa juntitos, y
nuestras tardes se reparten en deberes, estimulación, juego, paseos, trampolín,
equitación, visitas de niños a casa o ir a la casa de otros peques. No paramos,
pero nos lo pasamos en grande.
Antes
de que Erik comenzara el cole, mantuve varias reuniones con el equipo docente.
Las di información clara sobre qué es el autismo y cómo es el autismo de Erik
en concreto, con sus puntos fuertes y débiles, con los problemas que pudieran
surgir y cómo resolverlos; además, vieron vídeos de nuestro sistema de terapia.
Y antes
de que se iniciaran las clases, nos abrieron el colegio a nosotros solos para
que Erik lo recorriera desde la torre del reloj hasta el sótano. Así ya se
conocía el terreno. Hicimos fotos también.
A la
semana de comenzar el cole, tuvimos reunión de padres. Entonces expliqué de
nuevo qué es el autismo y cómo es el autismo de Erik –documento que incluiré
después-, y les di a todos copia del cuadernito Todos somos diferentes. Desde
entonces, la corriente de simpatía/empatía de los padres ha sido impresionante.
Erik ya
lleva cuatro invitaciones a cumpleaños, y ya he comentado que las visitas en
nuestra casa o en las de los otros niños son semanales. Erik, además, tiene un
amigo. Ha descubierto la amistad y eso ha sido maravilloso. Por otra parte, ese
sentimiento de amistad le tiene un tanto confundido también, y se ha vuelto un
tanto posesivo y celosillo con ese niño. Lo hemos estado trabajando y va muy
bien. Ver a Erik y a K. juntos es una alegría indescriptible.
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| Picto de Arasaac |
Con
estos antecedentes, tomé la decisión de explicarle a Erik que tiene autismo.
Prefería hacerlo yo a que se enterara por otros medios. Antes de hablar con él,
tuvimos una semana de vacaciones. Mi objetivo era que pasara una de las semanas
más maravillosas de su vida, que se riera mucho, que estuviera de buen humor,
que nos mimáramos y achucháramos como nunca. Y así fue: una semana inolvidable
para Erik.
De
ninguna manera quería que asociara el autismo como algo negativo. Mi idea era
que lo entendiera como algo natural que él tiene, con sus cosas buenas y sus
dificultades. Tampoco me apetecía que se viera como alguien especial, sino como
un niño más: único e irrepetible. Porque todos somos diferentes.
Podría resumir el proceso en diferentes fases:
Trabajar con el niño el cuadernito
Todos somos diferentes. Os lo podéis descargar AQUÍ.
Erik
tendría unos cuatro años y estaba en el Kindergarten cuando lo trabajamos de
forma individual y con los niños de su grupo en el Kindergarten. Desde entonces,
me he ocupado mucho de repetir el concepto Todos somos diferentes, todos tenemos
puntos fuertes y puntos débiles, todos podemos aprender, algunos necesitamos
más ayuda que otros para determinadas cosas. En paralelo, he trabajado mucho su
autoestima, elogiando todas las cosas que hace genial, colgando sus dibujos,
mostrando sus habilidades delante de otras personas, diciéndole qué bien haces
esto o lo otro. En cuanto a sus dificultades, he reforzado el concepto de que
los dos juntos somos el mejor equipo del mundo y que juntos lograremos todo lo
que nos propongamos.
Preparar información clara
sobre qué es el autismo en general, y el autismo de Erik en particular.
Descripciones
concretas de los puntos fuertes, los puntos débiles, los gustos, los miedos,
los intereses, los refuerzos, los problemas y las recomendaciones de cómo
actuar.
Podéis
ver las recomendaciones AQUÍ.
Darle visibilidad al
autismo de forma natural ante los otros padres del cole y hablar de lo
orgullosa que estoy de mi hijo
En la
primera reunión hablé sobre ello con el corazón en la mano. Les entregué una
carta como escrita por Erik (actualizada y basada en esta otra que entregué
también en su momento a los padres de los niños del Kindergarten, AQUÍ).
También el cuadernito Todos somos diferentes, que me consta han trabajado con
sus hijos en casa, además de que en el cole también lo han hecho, con
incorporación de nuevas ideas.
Preparar materiales para que Erik comprendiera
qué es el autismo.
Erik ya
tenía muy claro que todos somos diferentes: nuestro aspecto es distinto, al
igual que nuestros gustos, habilidades o intereses. Así que pensé en dar un
paso más: todos tenemos un cerebro, y cada uno de nuestros cerebros es también
diferente.
¿Cómo
explicarle cómo funciona el cerebro? Teniendo en cuenta que Erik es un pensador
visual y muy organizado y estructurado en su pensamiento, se me ocurrió la idea
de un cerebro organizado en cajones. Tras
darle vueltas, organicé los cajones del cerebro en estos temas:
-
Lenguaje
-
Intereses
-
Emociones
-
Reglas sociales y relaciones
-
Percepción
-
Control del cuerpo
- Ideas
-
Conocimientos
Cada cajón
tiene dos posibilidades (salvo el de control del cuerpo): dentro puede estar
todo ordenadito o dentro puede estar todo un tanto confuso.
Desde
aquí un GRACIAS gigante a Maite Navarro por plasmar a la perfección todas las
ideas que le facilité, y también a ARASAAC por sus súperpictogramas.
Con
todo ello, preparé un panel en DINA2
Pero
hicimos algo mucho más efectivo aún, y que nos iba a permitir trabajar cada
cajón de forma interactiva. Sí, creamos nuestro cerebro cajonera:
Cada uno
de estos cajones lo estuve trabajando durante una semana con Erik, de forma
participativa, explicando qué era y cómo estaba el cajón en su caso. Juntos nos
dibujamos pictos y situaciones concretas.
Si él,
por ejemplo, tiene problemas con no enfadarse cuando un bebé llora, pues no lo
dibujamos y lo pusimos en el cajón de Emociones en la parte de las
desordenadas.
En
breve subiré un documento explicado paso a paso cómo lo trabajamos y con
absolutamente todos los materiales y ejemplos.
El momento de hablar con Erik
Ocurrió
en una situación de lo más natural, y aproveché un momento positivo en el que
Erik se sentía muy orgulloso.
Habíamos
llevado con el coche a la tía de mi marido que estaba de visita a la estación.
Mi marido estaba de viaje. Digamos que mi orientación por el centro de Hamburgo
es una patata. No tengo sistema de navegación, porque tengo a Erik. Pues bien,
al salir de la estación para casa, no tenía ni idea de si tirar para la
izquierda o la derecha o por dónde. En el centro de Hamburgo hay un pedazo lago
enorme, que si te lías en el laberinto de calles, hay que dar mogollón de
vueltas.
Entonces
Erik me dijo: mamá, a la izquierda, luego de frente, después a la izquierda y
ya estamos de camino a casa. Y así fue.
Guau.
Cómo alabé a mi campeón, y en el coche le fui comentando otras de sus grandes
habilidades: calcular, dibujar, el trampolín, leer incluso en español,
escribir, el chino…
Cuando
llegamos a casa, sacó su cuaderno de mates, no uno cualquiera, sino el
correspondiente a cuarto. Y entonces le dije: “Calculas tan bien como Einstein” “Sí,
el que se tragó una calculadora, como yo, jajajaja, mamá”. Y me dije, ahora o
nunca.
-
¿Sabes por qué Einstein calculaba tan bien? Cariño, Einstein tenía autismo.
(en
realidad, no sé si Einstein tenía autismo o no, pero bendito hombre que nos ha
facilitado tanto las cosas).
Erik me
miró pensativo. Añadí:
- Hay
muchas personas que han hecho cosas impresionantes porque tenían autismo.
Mozart también, sabes quién es, ¿verdad?
- Sí,
el que toca música de Mozart.
- Tú
también tienes autismo, cariño. Por eso hay muchísimas cosas que sabes hacer
mucho mejor que otras personas.
Y le
dije cuáles eran.
- ¿Qué
es el autismo, mamá?
- Pues
es algo que tienen muchas personas que pueden hacer muchísimas cosas bien,
mucho mejor que la mayoría. Y porque pueden hacer esas cosas tan bien, hay
otras en las que necesitan más ayuda. Ya sabes, los cajones desordenados. Por ejemplo, tú te enfadas cuando alguien
llora, y llorar es una emoción que tenemos todos.
- Pero
es que gritan mucho.
- Ya lo
sé, cielo. Pero si te molesta puedes alejarte, en vez de enfadarte.
Y
seguimos con más ejemplos.
Poco
después lo dejamos, y seguimos con las matemáticas. No me hizo ninguna
pregunta, tan sólo al día siguiente, en la camita antes de dormirnos, me dijo:
- Hay
cosas que hago que no sé por qué, porque quisiera hacerlas de otra manera. Pero
tú me ayudas, mamá.
- Somos
un equipo, cariño. Mamá te ayuda siempre.
No
quise seguir, salvo abrazarle mucho, besarle y relajarle con otros temas.
Desde
entonces no ha mencionado nada más, ni tampoco la palabra autismo. Sé que su
cabecita está trabajando toda la información. Estos días está muy contento, muy
risueño y muy mimoso; no se despega de mí, y seguimos pasándolo pipa los dos
juntos.
Hablar con los niños de su
clase
Los
niños son impresionantes, y me sentí muy cómoda hablando con ellos. Ha sido muy participativo, con interacción continua con los
niños. Ellos contaban también sus puntos débiles, con una empatía impresionante
en niños de seis y siete años. Erik contaba orgulloso cómo calcula, que sabe
español, y que inventará una máquina del tiempo. Todos escuchaban fascinados.
Pero ha
sido uno de los momentos más duros de mi vida. Tenía un nudo en el estómago, mI
corazón de madre se me rompía al estar hablando delante de Erik también, y
pensaba en todo lo que estaría pasando en su cabecita. Pero se portó como un campeón. En el turno de preguntas de
los niños, él salió, era ya demasiado. Al terminar
nos vinimos los dos a casa, para pasar un día tranquilo, precioso los dos juntos. ´
No me hizo comentarios sobre la charla, salvo
que J. –otro niño de su clase- es también un inventor. Estuvo mimosímo, con
mucha necesidad de contacto físico conmigo. Me abrazaba, me besaba y me decía
con frecuencia que somos un equipo, y que me quiere mucho. Una explosión de sentimientos en armonía y muy
tranquilos.
Sé que tiene que trabajar toda esta
información. No sé aún cómo va a reaccionar, pero estoy preparada para seguir
dándole todo mi apoyo incondicional.
Actualización: Subo el el documento con todos los materiales explicados paso
a paso, y cómo los trabajé con Erik y con los niños de su clase. Tened en cuenta que hay tantos autismos como
personas con autismo. Es el autismo de Erik el que he contado, cada uno lo
deberá adaptar.
ADELANTE SIEMPRE
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