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| Erik en la prueba de un décimo de Marathon: 4,2195 Km en 30 minutos |
Creer en nuestros hijos, sentirnos orgullosos de ellos,
aprovechar sus intereses, potenciar sus habilidades, trabajar sus déficits y compararlos
siempre con ellos mismos. Ésas son las
claves de nuestro día a día en el que vivimos el autismo con naturalidad. Claro
que somos conscientes también de las dificultades, por eso el trabajo constante
forma parte también de nuestra vida.
Esta semana pasada hemos vivido dos triunfos importantísimos.
Los comparto con toda la ilusión del mundo.
Hubo una prueba de matemáticas en el colegio de Erik para
niños de hasta cuarto de primaria. Mi campeón quiso participar y lo apuntamos. Él
está en segundo. La prueba fue para todos los niños igual, sin materiales
adaptados, con preguntas de enunciados donde hacía falta no solo calcular, sino
también comprender y razonar. Pues bien, oé oé oé. ¡Erik ha sido el mejor de
todo el colegio con un resultado de 59 puntos! La media es de 30 puntos, así que
imaginad qué pasada. Él era además de los más pequeños en edad.
Ya sabemos que Erik es muy bueno en mates, pero Erik tiene
autismo, y su autismo se tiene que manisfestar de alguna forma. He comentado en
otras ocasiones que la alegría es para él como una luz que lo ciega. Esa “luz
cegadora” no solo le hace cerrar los ojos o tirarse al suelo cuando se
encuentra de forma imprevista a alguna persona que quiere mucho o ante una cosa
que le apasasiona; esa “luz cegadora” le cierra los oídos también cuando
escucha alguno de sus grandes triunfos. Sí, a Erik le ha resultado difícil escuchar
que ha sido el ganador en la prueba matemática.
Como es lógico, sus compis de clase, sus profes, nosotros y otras personas le
hemos felicitado.... y su respuesta era: “no puedo oírlo, no me lo digas”, con
un tono gruñón.
El jueves era la entrega del premio en el cole, en el
aula magna, con todos los niños de todo el colegio. Sobre la tribuna, los 40
participantes. Se nombró a cada uno, se felicitó y aplaudió a cada uno, se
entregaron los diplomas. Y a Erik le entregaron además un premio especial con
dos regalos. Y ahora viene su mayor triunfo, para el que le estuve preparando:
no el que ganara la competición, sino el que como un campeón aguantara el tipo
sobre el escenario. Y lo hizo, vaya que lo hizo. Eso sí, ya en casa, tema tabú.
Guardados los premios, no mencionarlos por ahora.
Y hablando de tabús, salen a colación también las “palabras
tabú”. Son palabras que le ciegan porque corresponden a personas a las que
quiere muchísimo o a cosas que también le gustan muchísimo. Son palabras que no
dice: nuestros nombres y el de la persona que lo cuida desde hace años una
tarde a la semana, el número once en alemán (elf – dice siempre once), la
capital de Alemania y la de Francia, así como la palabra “Gracias” o “Danke”.
La lista de palabras tabú era antes mayor, con mis padres, mi hermana, algunos
amigos.... pero ya las dice.
Tenemos un truco por si en el cole o alguien le pregunta
algo cuya respuesta sea una palabra tabú: Erik ha aprendido a decir que la
deletrea o la escribe en un papel.
4,2195 km en 30 minutos
El segundo gran triunfo de la semana tuvo lugar el
sábado, cuando se celebró en Hamburgo el “Zehntel”, es decir una carrera de un
décimo de marathon para niños de primaria y secundaria.
Desde hace casi un año, Erik está en atletismo. Le ha
ayudado muchísimo con sus problemas de competitividad, ganar/perder, además de
para mejorar tono muscular, control corporal y motricidad.
Cuando se planteó la posibilidad de participar en el
Zehntel, Erik dijo que sí. No ha podido entrenar mucho, hemos estado más de un
mes rodeados de nieve helada en Hamburgo. Pero las dos últimas semanas ahí ha
estado, con su padre los domingos, con su mami los miércoles.
En la prueba han participado 8000 personas. Imaginad el
jaleo, el bullicio, el mogollón... sobre todo antes de que comenzara, con hora
y media de espera. Cuando pienso en los problemas sensoriales de Erik, en su
hipersensibilidad a los sonidos.... y veo cómo los está superando. Uf, eso sí
que es un TRIUNFÓN con mayúsculas.
Erik participó en la prueba con dos alicientes: mi marido estaba autorizado para correr a su
lado como acompañante y también se apuntó la niña de su clase a la que adora.
Bueno, el amor es mutuo, cómo se quieren, se abrazan, se besan. ¡Qué contentos
los dos! Juntos corrieron, juntos alcanzaron la meta. Y juntos después
compartieron una copa gigante de helado de chocolate con nata.
30 minutos corriendo, en dos ocasiones le vi en medio de
la carrera, empañados los ojos de lágrimas al grito de campeón, campéon que me
salió de lo más profundo del alma.
Le dieron su medalla, su ansiada medalla “cegadora”, que
de inmediato me tuve que guardar en el fondo de la mochila y ahora está
escondida en un cajón.
Adelante SIEMPRE.
[+/-]