Un día llega el autismo a nuestra vida. Suena duro, lo
sé. Viene sin manual de instrucciones y acompaña a la personita a la que más
queremos: nuestro hijo.
Me gustaría contaros un poco sobre nuestra historia,
cómo hemos encarado ese diagnóstico tan feroz hasta convertirlo casi en aliado.
En realidad, como a toda madre, me va a encantar hablaros de mi hijo, de Erik,
la persona a la que más admiro del mundo. Estoy orgullosa de él, de sus logros,
de su esfuerzo diario, de cómo me ha enseñado a ver el mundo desde otra
perspectiva y a disfrutar cada momento.
Desde que nació sentimos mi marido y yo que algo ocurría
con Erik: sin sonrisas, sin palabras, sin miradas. Con gritos, con conductas
disruptivas, con... . pero no sabíamos qué. Imaginad esa mezcla de
incertidumbre, de esperanza y de miedo. Así que cuando llegó el diagnóstico de
autismo Kanner clásico infantil fue un alivio. Por fin sabíamos què pasaba.
Recuerdo esa mañana de diciembre en Hamburgo. Unas pequeñas prímulas asomaban
entre la nieve helada. Y esa imagen de tesón se me quedó grabada. Sí, en ese
momento, decidimos que el autismo ni se iba a llevar la felicidad de nuestra
familia ni le iba a robar el futuro a Erik.
Con el autismo no termina el mundo, comienza un nuevo
camino. Nos informamos, nos formamos, nos implicamos. Fruto de ese trabajo
diario, constante, donde Erik ha hecho el mayor esfuerzo, hoy en día vivimos el
autismo con naturalidad. Mi pequeño se ha hecho mayor. Tiene casi quince años,
está en el instituto, tiene amigos. Nadie dijo que esto fuera fácil. Emprender
el camino con una persona con autismo es duro al principio. La recompensa es
sin embargo enorme.
Se puede lograr
mucho con una intervención adecuada. Sin fórmulas mágicas, conociendo muy bien
a la persona y respetando su forma de aprender, se supera una meta tras otra.
Cada persona con autismo es distinta, no las comparemos, aprovechemos sus
potenciales y trabajemos sus déficits. Con respeto, valorando su esfuerzo,
sabiendo que todos somos diferentes e igual de valiosos.
Cada paso que llevamos andado lo podéis encontrar en mi
blog El sonido de la hierba al crecer. Encontraréis amor, respeto, la
intervención que hemos seguido detallada para que nadie se quede sin la
estimulación que necesita.
Y me despido recalcando que no pretendo convertir a
mi hijo en alguien distinto a quien es: Erik. Y Erik tiene autismo. Pero cada
día lucharé por dotarle de cuanta herramienta necesite para que llegue a ser lo
más autisuficiente posible, además de concienciar de lo valiosa que es la
diversidad.
Creo en el potencial de las personas. De todas. De
nosotros depende su futuro.
Por Anabel Cornago


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